1913-2014

Mi abuelita nació en 1913 en un pueblo del sur de Zacatecas, vivió huérfana de padre desde los dos años y tuvo puras hermanas. Su abuelita Petrita se hizo cargo de ellas ya que tenía buena solvencia económica, así que mi abuelita Delfina vivió un mundo de mujeres hasta que se casó.

Ella fue maestra de primaria desde muy jovencita y pudo ayudar a su mamá y sus hermanas a darse ciertos gustos como buenas telas para hacer sus vestidos y zapatos bonitos (supongo que desde ahí mi gusto por los trapos). Tuvo que dejar la escuela cuando el gobierno federal decidió que la educación sería mixta y eso fue un tremendo escándalo, así que el obispo decidió que excomulgaría a todas las maestras que dieran clases en escuelas mixtas, y qué creen? La escuela se cerró, obvio fue temporal porque como sabemos hoy la educación mixta continuó su camino a pesar de los pesares. Pero mi abuelita y su maestra nunca regresaron a enseñar.

Mi abuelita Delfina era una mujer muy inteligente, amaba la escuela, estudiar y aprender. Pero todas esas ganas de aprender y de llegar más lejos se vieron truncadas por el machismo y las ideas religiosas de ese entonces.

Se casó ya grande para los estándares de la época, tuvo 8 hijos pero sólo le vivieron 6 (así decía ella). Tuvo un embarazo gemelar (así que de ahí mi herencia) y trató de darle a todos la mejor educación que estaba disponible en la escuela parroquial, es decir, la escuela privada del pueblo.

Fue hasta que uno de sus hijos decidió probar fortuna en la Ciudad de México que ella conoció el cielo (también así lo decía ella). Ella juraba que debía haber nacido en la Capital para haber tenido la oportunidad de estudiar y quién sabe hasta dónde habría llegado.

Pero no fue así, en el rancho (odiaba los ranchos) tenía que atender la casa, hacer las tortillas, cocinar, llevar la comida a los hombres a la labor embarazada y cargando al niño que estuviera chiquito en ese momento; ir a lavar al río (por lo menos ya había jabón), ordeñar las vacas, hacer y coser la ropa de todos sus hijos y de ella, juntar el ganado (cuando había), rezar el rosario, ir a misa los domingos. Curarse como podía y curar a sus hijos con la hierba que estaba a la mano, porque no había doctores ni medicinas.

Las cosas cambiaron al llegar a la Ciudad y fue cuando su vida empezó a verse de otro color. Empezó a hacer negocio trayendo carpetas y ropa de cama de Aguascalientes a la ciudad, a venderla y como sus hijos e hija ya trabajaban pues les iba bien.

¿Por qué les cuento esta historia de la vida real? Porque para mí fue un ejemplo de lo que las mujeres vivían en esa época, de lo que tenían que luchar si querían hacer las cosas diferentes. Además porque desgraciadamente las cosas para la mayoría de la población femenina rural o indígena sigue siendo igual actualmente.

Pero sobre todo por lo que la amé y por que la extraño. Porque los consejos de ella no eran de odio hacia los hombres a pesar de lo mal que le fue, eran de fortaleza a nuestra condición de mujeres, a apelar a nuestra astucia para «manejarlos». A estudiar y trabajar mucho, porque nosotros, sus  nietas, nacimos en la ciudad y en otro tiempo y efectivamente todas trabajamos y nos desarrollamos de la mejor manera que pudimos.

Y también hoy hablo de ella porque ella vivió intensamente la condición de mujer de su época y fue avanzando con las décadas en su forma de pensar, evolucionó y se adaptó hasta el final, vivió casi 101 años. Porque la admiro profundamente por su fortaleza y amor, ya que vio morir dos hijos recién nacidos y otros tres ya de adultos. Porque era sabia y alegre, le gustaba cantar y cocinaba delicioso.

Porque ella es mi raíz, mi ancla a un tiempo que no conocí y que vi a través de las innumerables horas de plática. Porque me cuidó, me enseñó a cocinar, a hacer dobladillos y pegar botones. Por que ella me enseño entre muchas otras cosas a entender el amor de las madres, infinito, incondicional.

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Y también porque era MUY arreglada, todos los domingos se ponía «Angel face», se pintaba su boquita de rojo y se ponía perfume Chanel No. 5 para ir a misa. Le gustaba la buena ropa y las arracada de oro, los zapatos bonitos y los abrigos porque era muy friolenta.

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Porque hoy que es Día Internacional de la Mujer me pareció adecuado y relevante recordar su historia, porque hay miles de historias como la de ella, que aún hoy se repiten y se perpetúan. Y porque me siento una mujer afortunada de haber tenido su presencia para ser la mujer que hoy soy.

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